El MNAC abre una exposición sobre Ramón Pichot

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El MNAC abre una exposición sobre Ramón Pichot

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Desde la barcelonesa montaña del Montjuïc, El Museu Nacional d’Art de Catalunya siempre ofrece al visitante exposiciones altamente recomendables.

Su localización excepcional y la vista panorámica que ofrece de la ciudad convierten a este museo en una visita obligada tanto para los amantes del arte como para los turistas.

Una opción para dejar atrás (o literalmente “debajo”) la ruidosa ciudad, llena de talleres de cerrajeros profesionales, de cafés y restaurantes.

Las obras de artistas catalanes suelen abrir exposiciones temporales cada fin de año, y éste año no es una excepción.

Ramón Pichot, amigo de los grandes

Dedicado al arte casi desde niño, Ramón Pichot se formó en Barcelona y en París. Integrado en la Pandilla del Azafrán, fue amigo de juventud de Eduard Marquina y de Luis de Zulueta.

A pesar de la diferencia de edad, se integró al grupo de Rusiñol y Casas. Participó en las exposiciones de Bellas Artes de Barcelona (1894, 1896, 1898). En 1895 expuso, con Casas, la casa Parés, donde participó a menudo a las exposiciones de Bellas Artes que se organizaban anualmente.

En 1898 participó en el Salon National de París. Ilustró los Hojas de la vida (1898) de Rusiñol, con quien fue a Granada, donde pintó obras que expuso en 1899 en los Cuatro Gatos y en Madrid con el título de La España vieja.

Aislado en Cadaqués, produjo pinturas que expuso la casa Parés en 1901 sin mucho éxito. Instalado en París, expuso con Picasso en la galería B.Weill (1902).

Estilísticamente ambiguo, se integró en un Modernismo plenamente simbolista, pero, a principios de siglo, derivó hacia un primitivismo que se cree influido por Gauguin y que acabó siendo más bien superficial.

Parte de su éxito en el extranjero se debe a la temática gitana y marinera típica que cultivó.

La exposición del MNAC

La exposición arranca con obras como Siesta de invierno, emparentada con obras como la Catedral de los pobres de Joaquín Mir.

También vemos carteles modernistas publicitarios que nos evocan los ambientes bohemios de los burdeles parisinos (imágenes de la ciudad moderna) que tanto les gustaban a él y a sus amigos

En estos carteles queda patente su gusto por los colores intensos, una de las características que más resalta de esta parte de su obra.

Pichot también fue grabador e ilustró libros para otros artistas como Rusiñol (Fulls de la vida) y el poeta y dramaturgo Eduard Marquina (casado con su hermana Mercè).

La sala de exposiciones temporales del MNAC permite mostrar cómo a pesar de los diferentes momentos de la carrera del pintor hubo una constante que se mantuvo: Cadaqués, el lugar que le inspiró y fue un punto de encuentro.

Fueron estos paisajes de calas y montañas los que Salvador Dalí contempló y reprodujo. “Los cuadros de este momento del joven Dalí son muy parecidos. Dalí descubrió el impresionismo a través de Pichot”, explicó Fabregat.

Pichot y su esposa Germaine se instalaron en 1923 en la Maison Rose, un edificio de Montmartre que Rusiñol y Utrillo habían pintado, donde él tenía su taller y ella regentaba un restaurante tal y como aparecen en otra de las fotografías.

Las fotografías son otro de los atractivos de la exposición. Impagables las de la familia Pichot, más de veinte miembros, en la casa de Es Sortell.

No era extraño que a comienzos del XX, cuando aparecía un personaje despistado, bohemio y estrafalario en la recóndita Cadaqués se dijera: “Es un pichot”.

Una exposición muy recomendada de un personaje muy particular de esa Barcelona bohemia que poco a poco ha desaparecido.


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